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Blog de Rodrigo Salazar-Elena

El dinero no hace la felicidad (si usas la fórmula de la felicidad adecuada)

Por ahí anda circulando una infografía (la verdad de las cosas, espectacular) sobre la “felicidad alrededor del mundo” (como 150 países). La infografía utiliza datos del Happy Planet Index (HPI), elaborado en 2012, con el loable propósito de medir el nivel de “bienestar sostenible” en cada país. Lo hace midiendo el grado en que la [...]

Por ahí anda circulando una infografía (la verdad de las cosas, espectacular) sobre la “felicidad alrededor del mundo” (como 150 países). La infografía utiliza datos del Happy Planet Index (HPI), elaborado en 2012, con el loable propósito de medir el nivel de “bienestar sostenible” en cada país. Lo hace midiendo el grado en que la gente de cada país vive una vida “larga y feliz”, lo que se da en la medida en que se reporta un nivel mayor de felicidad y la esperanza de vida es mayor, al mismo tiempo que se descuenta el nivel de uso de los recursos naturales de cada país más allá de su capacidad de regeneración (la “huella ecológica”).

El índice no está mal y mide lo que quiere medir (cantidad de vida larga y feliz por insumo de medio ambiente). El problema es que, una vez que se difunde, la interpretación tiende a ser abusiva. Por ejemplo, el difusor de las infografías comenta: “Posiblemente les sorprenda que el Reino Unido, Australia y los Estados Unidos no llegan ni siquiera a los primeros 40″. Y al comentar los datos, The Daily Mail resalta cómo países como Vietnam, Costa Rica y Colombia están por encima de otros más desarrollados. Remata afirmando que el índice mide “lo que importa, más que la riqueza”. Esta nota del Huffington Post presenta diapositivas con las curiosidades exóticas de los “10 países más felices del mundo”, exhibiendo modos de vida que presumiblemente los hacen felices a pesar de su pobreza.

Éste es el paso peligroso: cuando se ve al HPI como un sustituto de los índices que miden la riqueza. Este comentarista dice abiertamente que le agrada el HPI porque es “una forma útil de pensar sobre lo que es el progreso y qué significa realmente el éxito para un país, especialmente cuando lo comparas con el instrumento burdo del PIB”.

Lo que llama la atención a los observadores apresurados es cómo los países pobres son felices. Esa es una mala interpretación. La correlación del HPI con la riqueza del país, medida con el PIB per capita, es débil (0.157) y no es significativa estadísticamente. Pero eso no significa que la riqueza de los países no se correlaciona con la felicidad. De hecho, la relación es bastante sólida. El índice usa como uno de sus componentes el promedio de satisfacción con la vida (en una escala de 1 a 10). Abajo se muestra su asociación con el PIB per capita:

No hay mucho dónde buscarle. Entre países, a una diferencia adicional de un punto porcentual en el PIB per capita corresponde un incremento de .65 en la satisfacción media con la vida. La variación en el (logaritmo natural del) PIB per capita explica el 54 por ciento de la variación en la satisfacción media con la vida. No es toda, concedo, pero es bastante. En la gráfica es claro que el rendimiento es decreciente: para los países más ricos, el impacto de la riqueza sobre la satisfacción es mucho menor que para los países pobres.

De hecho, el PIB per capita también está muy asociado con los otros dos componentes del HPI: la correlación con la esperanza de vida es de 0.656, y con la huella ecológica la correlación es casi perfecta: de 0.903.

¡NO!

Entonces, si todos los componentes del índice están tan relacionados con el PIB per capita, surge la pregunta de por qué el índice  presenta una asociación tan débil (o nula) con la riqueza. La respuesta es relativamente sencilla: por la forma en que está construido el índice. En términos simples, el índice se forma así:

HPI = (satisfacción X esperanza de vida)/huella ecológica

El PIB per capita se asocia positivamente con los tres indicadores. Entonces, a medida que aumenta el PIB per capita, crece el numerador y eso aumenta el valor del índice. Pero, por otro lado, también aumenta el denominador, y eso empuja el valor del índice hacia abajo. Entonces, intuitivamente podemos concluir que las dos fuerzas neutralizan el efecto del ingreso nacional sobre el índice.

En análisis más sistemático (aquí el análisis), lo que ocurre es que de hecho el índice reduce su valor a medida que aumenta el ingreso, hasta un punto crítico a partir del cual vuelve a aumentar su valor. Entonces, no cabe sorprenderse de que los países más “felices” tiendan a ser bastante pobres: la forma de calcular el índice hace esto altamente factible.

Los estudios sobre el “bienestar subjetivo”  están muy bien cuando se enfocan a comprender de forma integral el fenómeno que llamamos felicidad. Pero cuando se pretende postular mediciones alternativas al ingreso como sustitutos para el bienestar, me parece que se incurre en un error teórico, dejando de lado que deja mucho qué desear la sensibilidad humana de los académicos y activistas de países del primer mundo que relativizan la importancia de la riqueza en el bienestar, cuando se trata de países pobres.

¿Te digo cuál es tu problema niñito? Que no sabes apreciar las cosas importantes de la vida

La India presenta un puntaje relativamente alto en el HPI, como comenta esta nota con algo de orgullo. China, en cambio, aparece bastante más abajo. En la India, el 24.7% de la población vive con 1.25 dlls. diarios o menos. En China, la proporción es el 6.26%, cuatro veces menos. ¡Ah! ¿Y les dije que según el HPI China es menos feliz?




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