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Blog de Rodrigo Salazar-Elena

¿Tienen un monopolio lxs intelectuales?

Denise Dresser se ha ganado la calidad de gurú de la opinión pública con base en una serie de golpes de ingenio. Uno de ellos es caracterizar a México como el país de los monopolios. Así como lo plantea ella, la idea tiene mucho sentido. Había monopolio del PRI, había y hay monopolios estatales, los [...]

Denise Dresser se ha ganado la calidad de gurú de la opinión pública con base en una serie de golpes de ingenio. Uno de ellos es caracterizar a México como el país de los monopolios. Así como lo plantea ella, la idea tiene mucho sentido. Había monopolio del PRI, había y hay monopolios estatales, los sindicatos constituyen un monopolio de la representación gremial y, en el sector privado, pues Carlos Slim tiene su monopolio. En este artículo, en el que critica a los intelectuales y cuestiona su utilidad misma, afirma: “Las ideas también forman parte de los múltiples monopolios que mantienen maniatado a México. Ideas consagradas, defendidas, diseminadas y sacralizadas por pequeños grupos -generalmente de hombres- que se encargan de decirle al país lo que debe pensar”. Suena como una ingeniosa forma de extender su concepto a un nuevo campo.

Dejemos de lado que Dresser no nota la ironía de criticar a los “comentócratas” cuando se gana la vida, construye su reputación y genera influencia fundamentalmente expresando su opinión.  No reparemos, también, que comete el severo error de confundir al intelectual con el experto o el especialista (Gabriel Zaid, otro intelectual, tenía más clara la diferencia). Lo central es, ¿de verdad los intelectuales tienen un monopolio de las ideas o de lo que sea?

En mi diccionario, tienes un monopolio cuando un productor domina el mercado. En principio, los intelectuales, como indica el plural, son un friego. No hay algo así como un productor único. Habrá quien diga que estos intelectuales tienen el monopolio de la opinión porque sólo ellos tiene acceso a los medios de comunicación. Bueno, eso es como afirmar que todos los que tienen una parcela tienen el monopolio del jitomate. Si hay competencia, no hay monopolio.

Ahora, aunque haya muchos intelectuales, la analogía con el monopolio puede salvarse si todos comparten la misma opinión, pues para efectos prácticos, es como si opinara una sola persona. Algo así ocurría en la época dorada del PRI, cuando había un rango estrecho de opiniones permitidas. ¿Será que pasa algo así en la actualidad, en el país de los monopolios? Me da la impresión de que usted, como consumidor de opiniones, tiene una amplia variedad para escoger la que más le guste.

Es obvio que, contra lo que dice Dresser, hay tantos críticos al gobierno como apologetas por vocación. Mucha gente lee columnas de opinión para encontrar una confirmación de las propias ideas, tal vez expresadas de manera más estructurada. En ese caso, si usted busca que los fines más nobles y el hartazgo ciudadano sean articulados en un lenguaje reiterativo, endulzado y hasta cursi, pues puede leer  a la propia Dresser. En cambio, si usted se ubica a la derecha y quiere pensar que sus opiniones tienen un fundamento técnico, con frases de alto impacto pero escaso contenido, diríjase a la columna de Luis Rubio.

Pero tal vez usted busque algo más que la reiteración de lo que ya opina. Tal vez quiera leer columnas que presentan las ideas desde una perspectiva original y rigurosa, elaboradas con oficio y que nos den algo nuevo en qué pensar, aunque no se comparta en general la ideología del autor. José Antonio Crespo y Sergio Sarmiento son buenos ejemplos.

Tal vez a usted no se le da el argumento sutil, las ideas rebuscadas, la inteligencia aguda, o los argumentos, las ideas y la inteligencia en lo absoluto. Tiene usted lo que necesita en Jalife-Rahme. En cambio, para quienes disfrutan el argumento irrebatible y la ironía fina, ahí está Fernando Escalante.

También existe una gran variedad en calidad, porque expresar la opinión es un oficio con reglas. Tenemos a quienes escriben a la rápida lo que en ese momento les dicta el humor y el poco tiempo, como Carlos Marín, y quienes cultivan el oficio como un arte, aspirando a la perfección. Creo que sigue siendo ejemplar Miguel Ángel Granados Chapa.

Trato de mencionar gente con la que yo no tengo trato, para que no parezca personal. Sin embargo, me parece que el punto es claro. Hay una enorme variedad de intelectuales que ofrecen una gran pluralidad de productos. Como consumidores, no podemos quejarnos. Es más, ojalá y hubiera más mercados con la variedad y competencia que ofrece el mercado de las opiniones. Es lo opuesto a un monopolio.

Por otro lado, confundir a los intelectuales con especialistas es actualmente un error. La indiferenciación de estas figurs corresponde a una época de bajo desarrollo de las disciplinas sociales, cuando una opinión técnica y una opinión a secas no eran muy distintas.

Los intelectuales son productores de opiniones, y la sociedad compra las que considera apropiadas. A mi juicio, Dresser está mostrando un descuido con la calidad de su producto que sólo se puede permitir un monopolista.




3 Responses

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Estimado Rodrigo, no me parece que Denise Dresser cometa el error que mencionas. Todo lo contrario.

Su columna precisamente pide menos “intelectuales” o “comentaristas” (como quieras llamarles) y, en su lugar, más “especialistas” o “expertos”.

1    Carlos May 23, 2013 17:44

Hola Carlos,
Me parece que Dresser comete el error que menciono y también todo lo contrario. Es decir, primero habla de un monopolio y después dice que hay muchos. Lo fenomenal de las contradicciones es que siempre tienes razón.
Por cierto, podemos tener más expertos sin necesidad de alterar el número de opinólogos. Son cosas distintas. No le pides al opiniólogo que sea experto (que es lo que hace Dresser) ni al experto que viva de sus columnas de opinión (como vive Dresser).

2    rodrigo-salazar May 23, 2013 18:20

Estimado Rodrigo, ciertamente he esado siguiendo esta disputa desde que has posteado el asunto en FACEBOCK. Lo que me intriga de todo esto es que la Sra. Dresser quien ha iniciado este polvorín sea tan laxa en el uso de los términos siendo que su CV indica una formación de calidad. Regalemos que sea un lapsus debido al consumo de productos de mala calidad, los cuales obnubilan el buen juicio de nuestra apreciada Dresser. Si su postura es seria entonces la disputa es un callejón sin salida. Una cosa es la ignorancia que se combate con el uso adecuado del conocimiento acumulado y otra la necedad o las ganas de hacerse autobombo.

3    javier torres May 24, 2013 00:09

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