¿La democracia necesita de la protesta? Apuntes de medianoche

June 9th, 2014 by mt

“Bolivia es un hermoso país, geográficamente diverso, multiétnico y democrático en el corazón de América del Sur. Conocido como el Tibet de las Américas, es uno de los países más remotos en el hemisferio occidental (…) A menudo se observan grandes protestas debido a cuestiones como la protección del medio ambiente, la tala, la extracción de hidrocarburos, las importaciones de automóviles, minería, construcción de carreteras, así como otros temas. Estas protestas causan el cierre de calles y la creación de bloqueos a lo largo de las principales rutas de viaje entre ciudades. En caso de viajar en autobús, puede ser común quedar detenidos por varias horas” (Bolivia, descrita por Wikitravel, http://wikitravel.org/en/Bolivia).

El párrafo anterior, extraído de una de las fuentes más consultadas por turistas en el mundo, muestra dos características que todo boliviano reconoce en su país: es hermoso y tiene un alto nivel de conflicto. Este último rasgo suele incluso ser tomado con algo de humor (a veces no queda otra alternativa), y popularmente se señala que el día en que se reconozcan la marcha de protesta y el bloqueo de carreteras como deportes olímpicos, podremos aspirar sin dudas a una medalla de oro. No obstante, la movilización y la protesta no son patrimonio boliviano, los observamos en todo el mundo y normalmente se los asocia con insatisfacción social.

Dentro de algo que estoy investigando incluí 19 variables que suelen ser asociadas con inestabilidad política y, usando una técnica estadística conocida como análisis de componentes principales, analicé como se agrupan los datos de 160 países entre 1950 y 2012. Uno de los resultados es que las siguientes variables se agrupan en una misma dimensión a la cual llamo “irrupción pacífica”: huelgas, purgas, disturbios, protestas, cambio de gabinete y cambio del ejecutivo. Es sumamente interesante constatar que hay una relación cercana entre la movilización colectiva, la respuesta gubernamental hostil y la salida de gobernantes o de altos funcionarios de gobierno. ¿Dónde es usual observar episodios de irrupción pacífica?

Diferenciando a los países según su régimen político, podemos comprobar que las democracias se caracterizan por la expresión pacífica del descontento y por la salida de gobernantes producto de esa presión. En cambio, los autoritarismo se especializan en reprimir ese tipo de acciones y las democracias deficitarias (aquellas donde hay elecciones pero todavía se violan derechos básicos de la población) se ubican en algún lugar intermedio. Es posible, incluso, que la irrupción pacífica no sólo sea una característica de las democracias, sino que éstas la necesiten.

Usando datos de Polity Project, encontramos una relación positiva y significativa (a través de un modelo de regresión lineal) entre nivel de democracia e irrupción pacífica, lo cual confirma que para una mayor democratización se requiere movilización colectiva y salida de altos funcionarios de gobierno. Esta relación no está influida por la riqueza de los países (la literatura especializada ha demostrado que existe una relación estrecha entre democracia y desarrollo económico) ya que se incluyó al PIB per cápita como variable de control (es decir, se mantuvo constante el nivel medio de ingreso de las naciones). El siguiente gráfico nos muestra qué diferencias obtenemos en la estimación del nivel de democracia cuando 1) la única variable explicativa es el PIB per cápita, y 2) se agrega a la ecuación la irrupción pacífica.

Si todos los puntos cayeran sobre la línea roja de 45 grados, la irrupción pacífica no agregaría nada a la explicación sobre democracia que puede darse considerando únicamente la riqueza de los países. Resulta muy interesante notar que cuando esa dimensión de inestabilidad política es incluida, los niveles de democracia son mayores a los que se espera dado el nivel de desarrollo de la gran mayoría de las naciones (los puntos se ubican masivamente a la derecha de la línea). Ahora bien, es lógico pensar que esta relación a nivel general tiene sus excepciones. Una de las formas de llegar a ellas es encontrando qué países son los más extremos. A continuación presento el top 5 de los países que más protestan en el mundo. Esto se obtuvo a partir de observaciones anuales mayores a una desviación estándar a la media de irrupción pacífica durante los 62 años estudiados.

Cuatro de los cinco países que más protestan pertenecen a América Latina. Por el nivel de irrupción pacífica que se observa en ellos deberían no sólo pertenecer al grupo de naciones democráticas, sino incluso ser las democracias más desarrolladas, pero no es el caso. El ingreso promedio en ese grupo entre 1950 y 2012 es mayor a 16 mil dólares, cifra que a la fecha sólo ha sido alcanzada por Corea del Sur. Esta anomalía en relación a la estadística muestra las grandes dificultades que históricamente tienen varios países latinoamericanos para democratizarse. En consecuencia, no podemos esperar que el alto nivel de movilización y protesta que poseen disminuya de la noche a la mañana, esto es parte de sus procesos políticos, incluso de su cultura política, y no cambiará debido a que gane tal o cual candidato presidencial (este año hay elecciones en Bolivia y en Argentina), quienes, sin lugar a dudas, se frustrarán por ello y buscarán algunas soluciones no muy democráticas. Es más, dada la relación de necesidad entre democracia e irrupción pacífica, es posible que los avances democráticos logrados en ellos sean gracias al alto nivel de protesta. Malas noticias para el turismo pero buenas para las perspectivas de la democracia en el largo plazo.

Eran las 2 de la madrugada cuando obtuve estos resultados. Salí emocionado de mi estudio, ingresé al dormitorio, desperté a mi esposa y le dije, “¿sabes en qué país es en el que más se protesta en el mundo?”. “En Bolivia”, me respondió, “ahora déjame dormir”. Ella no necesitó de modelos estadísticos para llegar a esa conclusión. Aunque esta es la primera vez que, según sé, alguien lo comprueba, para los bolivianos no es ninguna sorpresa.

¿Vale la pena organizar grandes eventos deportivos?

June 2nd, 2014 by mt

A pocos días de que empiece el mundial de fútbol las protestas populares en Brasil no parecen disminuir, lo que despierta algunos temores sobre el éxito que se tendrá en la organización del mismo. Los sectores movilizados básicamente reclaman que en lugar de utilizar cantidades inmensas de dinero en la construcción de obras que demanda ese evento, el gobierno debería favorecer la inversión social para elevar la calidad de vida de las personas, en especial de los sectores más desfavorecidos (es importante mencionar que también se denuncia la existencia de corrupción en la adjudicación de contratos y costos inflados en los mismos). En contrapartida, los gobernantes, la FIFA y los inversionistas señalan que el gasto efectuado es en realidad una inversión que beneficiará a los brasileños, y que los ingresos por derechos televisivos, llegada de turistas, etc., superarán ampliamente a los costos. Además, se menciona que los beneficios se mantendrían en el largo plazo en virtud de la buena imagen que daría el país al mundo, lo que lo haría atractivo para recibir más turismo y más inversiones.

Este conflicto divide opiniones en el mundo entero y se ha desatado una polémica en torno a cuán benéfico es la organización de grandes eventos deportivos. Por ejemplo, hay quienes señalan que la actual crisis económica en Grecia, iniciada hace 5 años, se debió en parte a los costos de organizar las olimpiadas de 2000 y de mantener la infraestructura construida. También se suele mencionar los problemas económicos que supuso para Sudáfrica la organización del mundial de fútbol de 2010 y que los ingresos de los juegos olímpicos de Londres en 2012 no fueron los esperados. Sin embargo, los países continúan compitiendo intensamente por la organización de mundiales y olimpiadas, y el anuncio de los elegidos es acompañado de un nivel de euforia sólo comparable con la decepción de quienes perdieron en la decisión de ser sede de dichos eventos. Dado lo anterior, no resulta trivial preguntarnos ¿cuál es el beneficio de ser anfitrión en acontecimientos deportivos de escala planetaria?

Para responder a esa pregunta he recopilado datos correspondientes a 20 años de todos los países que organizaron mundiales de fútbol y olimpiadas a partir de 1968. Se comparan resultados en los diez años previos y en los diez posteriores a la realización de los mencionados eventos. En particular nos interesa explicar tres variables: crecimiento económico, pobreza y desigualdad (medida con el índice de Gini). Ahora bien, dado que no podemos esperar que el efecto sea el mismo en países avanzados y en países menos desarrollados (en los primeros previamente existe mayor infraestructura y el gasto en términos relativos es menor) se introdujo como variable de control al PIB per cápita (lo que significa que se mantiene constante el nivel de ingreso promedio en las naciones involucradas). ¿Qué se puede observar?

Los resultados nos muestran que la organización de grandes eventos deportivos, por sí misma, no tiene influencia en ninguna de las tres variables de interés, las cuales sólo son explicadas por el nivel de desarrollo de los países. Al respecto, el signo negativo obtenido no es sorprendente, ya que buena parte de la literatura especializada ha demostrado que las naciones más desarrolladas crecen a un menor ritmo que las demás; es decir, los países poco avanzados tienen amplio potencial para explotar sus factores de producción y poder crecer mucho, como ocurre hoy en día con China.

Los resultados son un poco decepcionantes, ya que no le dan la razón a ninguno de los dos bandos. No obstante, también debe tomarse en cuenta que mundiales de fútbol y olimpiadas han sido organizados tanto en países democráticos como en autoritarios. Es más, los gobernantes de estos últimos aprovechan dichos eventos para vender una imagen favorable al exterior. ¿Qué ocurre si introducimos una variable sobre régimen político pero en interacción con la presencia o ausencia de grandes eventos deportivos? Para realizar esto se ha recurrido a datos de Polity Project que evalúan los regímenes políticos de los países (valores positivos para democracia, valores negativos para autoritarismos).

Los nuevos resultados  son por demás interesantes, ya que muestran que la organización de grandes eventos deportivos influye de manera diferente según el tipo de régimen que impera en los países anfitriones. Así, en la medida en que haya mayor democracia el crecimiento se verá favorecido gracias a un mundial de fútbol o a una olimpiada. El gráfico siguiente es más claro para observar el efecto.

Las dos líneas de puntos muestran el crecimiento obtenido cuando se organiza y cuando no se organiza eventos deportivos. La línea superior nos indica que, considerando el régimen político de los países, se produce un beneficio económico positivo a raíz de ser sede de juegos olímpicos o de mundiales de fútbol. Ahora bien, según nuestros resultados, esto no influye en la disminución o en el aumento de la pobreza y de la desigualdad, lo cual tiene todo el sentido del mundo. Es mucho pedir que uno de esos eventos solucione nuestros problemas sociales. Es tarea de los gobiernos a dónde destinar los ingresos adicionales obtenidos.

¿Quién tiene la razón y quién está equivocado? En principio se puede afirmar que postularse como futura sede de juegos deportivos está plenamente justificado si el país en cuestión es una democracia (o mientras más democrático sea). Ello da la razón a los argumentos de gobernantes, FIFA, Comité Olímpico Internacional e inversores de que las olimpiadas y los mundiales generan ingresos adicionales en los países anfitriones que compensan los costos incurridos. No obstante, las quejas de los sectores movilizados en Brasil parecen no ser descabelladas, ya que la evidencia nos dice que el crecimiento adicional no disminuye la pobreza y la desigualdad (aunque tampoco la aumenta). Al parecer los países se concentran tanto en la organización de esos eventos que, cuando llegan los ingresos, suelen gestionarlos de muy mala forma. Dicho todo lo anterior, el descontento social en Brasil podría ser leído de la siguiente manera: si va a haber más pastel, queremos un pedazo más grande.

Adenda a “Competencia y calidad en el fútbol”

May 26th, 2014 by mt

La anterior semana escribí un texto analizando el fútbol con herramientas de la Ciencia Política. Honestamente me quedé  con el pendiente de aumentar el número de observaciones. Varios de mis colegas seguramente habrán pensado que no se puede concluir nada a partir de cinco puntos en un gráfico (aunque no debe perderse de vista que cada punto es el agregado de 20 torneos, en al menos 10 años). Añadí cinco países (dos europeos y tres latinoamericanos) y mantuve todos los criterios de análisis. Hallazgo: ninguna de las afirmaciones que hice se modifican, lo que refuerza la conclusión (preliminar) de que existe una relación inversa entre competencia y calidad en el fútbol. Para llegar a una conclusión firme se requiere acumular información de al menos 20 países más, algo que no haré. Por lo pronto me quedo satisfecho con lo encontrado. Si alguien se anima a continuar le paso mi base de datos. Los dejo con las nuevas versiones del cuadro y el gráfico de la semana pasada.

Competencia y calidad en el fútbol, ¿debemos lamentarnos por no ser europeos?

May 19th, 2014 by mt

Ayer jugaron la final del fútbol mexicano dos equipos pertenecientes al mismo grupo empresarial, algo que no es común en el mundo y que naturalmente despierta sospechas en torno a las condiciones de la competencia futbolística. Estas sospechas no son novedosas en México, ya que existen antecedentes similares y multitud de historias sobre cómo se benefició al equipo de la televisora más poderosa de este país: el América. Hoy en día se sigue especulando al respecto: que el calendario es benévolo con ciertos clubes, que los árbitros no son imparciales y favorecen a alguien, que los técnicos contrarios no pusieron su mejor alineación con el fin de dejarse ganar, que los jugadores no dieron su máximo esfuerzo y se vendieron, etc. Todo esto hace que sea imperioso preguntarnos si los dados están cargados para favorecer a algún o a algunos equipos en México. Puesto que no tenemos acceso a las reuniones entre dirigentes de los clubes, a lo que hablan jugadores y técnicos en los camerinos, a las charlas entre promotores y auspiciantes o a lo que conversan los cuerpos arbitrales al medio tiempo de los partidos, sólo podemos valorar los resultados de los torneos jugados.

En el análisis político se utilizan múltiples indicadores para evaluar las condiciones de la competencia política, uno de ellos es el Índice de Fraccionalización (desarrollado en la década de los setenta) cuyos valores oscilan entre 0 y 1. Este índice nos señala cuál es la probabilidad de que dos individuos elegidos al azar pertenezcan a grupos diferentes. Cuando todos pertenecen al mismo grupo el valor obtenido es cero y cuando todos pertenecen a grupos diferentes (es decir, no hay grupos, sólo individuos aislados) se obtiene un valor de 1. Con este índice podemos saber cuán dividida es una sociedad (a nivel étnico o religioso, por ejemplo) o cuán fragmentado está el congreso de una país entre los partidos existentes. Para el tema que nos ocupa, el índice de fraccionalización nos dice cuán concentrados están los títulos futbolísticos entre los distintos equipos. En el extremo en que un club obtenga todos los títulos, el índice será igual a cero. Por el contrario, si cada torneo sucesivo es ganado por un equipo diferente, el índice será igual a uno. En otras palabras, valores mayores indican alta competencia e incertidumbre en torno a quién podría quedar campeón, en tanto que valores menores implican lo opuesto.

Es importante mencionar que alta competencia no necesariamente significa alta calidad futbolística. Simplemente representa ausencia de dominio de uno o pocos clubes en un país. No obstante, una situación de ese tipo es deseable debido a que lanza el mensaje de que cualquier equipo puede obtener un campeonato, de que vale la pena esforzarse y de que diversos tipos de desventaja (en salarios, infraestructura o incluso talento) pueden remontarse por la vía del trabajo duro, algo muy importante si consideramos que buena parte de los espectadores son niños. ¿Qué nos dice una situación de dominio futbolístico? Aunque no significa que la puerta esté completamente cerrada para el triunfo de los competidores más desventajados (los equipos chicos), involucra que esto ocurrirá en situaciones extraordinarias, algo muy poco motivador para sus aficionados. En el mundo de la política esto sería equiparable a que siempre gane el mismo partido o el mismo candidato, ¿les suena familiar?

A continuación se muestran los datos de fraccionalización futbolística de las tres ligas más importantes del mundo del siglo XXI en términos de calidad, según estadísticas de la FIFA, (España, Inglaterra e Italia) y de dos latinoamericanas. En las primeras se compite a lo largo de todo un año y en las segundas se realizan campeonatos de 5 meses de duración. Para todas ellas se ha calculado el índice en los últimos 20 y 10 torneos, respectivamente. ¿Qué podemos destacar?

En primer lugar, en las ligas más importantes hay en todo momento menor competencia que en las de América Latina. En segundo lugar, en todos los países analizados las condiciones para la competencia han empeorado en los últimos 10 torneos, aunque la caída en Argentina y México es marginal y bastante menor que en España e Italia. Al respecto, es de conocimiento común que en estos últimos dos países el título se lo disputan sólo dos equipos: Barcelona y Real Madrid, en el primer caso, y Juventus e Inter, en el segundo. Además, aunque, en Inglaterra la competencia no ha disminuido significativamente, el índice muestra una situación idéntica a la existente en el Calcio italiano. Si nos guiamos por el desempeño de los últimos 10 torneos, la probabilidad de que el Barcelona, el Manchester United y el Inter sean campeones el próximo año en sus países es idéntica: 50 por ciento. Con el mismo criterio, la probabilidad de que el América (club bajo eterna sospecha de ser beneficiario de favores especiales) sea campeón en México en el segundo semestre de este año es del 10 por ciento.

Ahora bien, en sentido estricto, el dominio futbolístico observado en Europa no necesariamente implica la existencia de dados cargados a favor de los equipos más importantes de sus ligas. Es perfectamente válido pensar que esos clubes son empresas eficientes y muy profesionales (como Google, Facebook o, hasta hace poco, Microsoft). Sin embargo, mirando los acontecimientos del pasado reciente podemos concluir que estos equipos, al menos, no son medidos con la misma vara y su dominio se mantiene en virtud de algunos favores. El Barcelona hace poco fue sancionado por realizar contrataciones ilegales de menores de edad, pero luego se le quitó el castigo y sólo tuvo que pagar una multa simbólica; al Chelsea de Inglaterra le ocurrió lo mismo hace un par de años; y la Juventus de Italia fue despojada de un título y descendida a segunda división por haberse comprobado que compraba árbitros. Inicialmente debía quedarse cinco años en esa categoría, pero luego la pena se redujo a un año.

¿Por qué no tener competencia y calidad? ¿Acaso son opuestas? Teóricamente no hay nada que nos impida disfrutar de ambos mundos, el tema es si esto es factible. Para evaluar esta posibilidad se relaciona el promedio de fraccionalización futbolística en ambos periodos con el PIB per cápita promedio de los últimos diez años en los países involucrados. El gráfico resultante es por demás interesante.

Aparentemente hay una relación inversa entre riqueza de los países y competencia futbolística. Es decir, en los países más desarrollados los clubes poderosos se hacen más poderosos y esta tendencia está aumentando con el paso de los años. Es posible que la poca incertidumbre sobre quién será campeón sea el precio a pagar por la calidad en el futbol, después de todo, los mejores jugadores demandan salarios millonarios y requieren infraestructura que no está al alcance de cualquier equipo, sólo de aquellos que cuentan con presupuestos estratosféricos.

Para Argentina y México la buena noticia es que seguiremos teniendo emoción en nuestros torneos, que cualquiera puede ganarlos (incluso Arsenal de Sarandí o Xolos de Tijuana) y que los dados no están cargados. Sí, leyeron bien, los dados no están cargados y no hay evidencia que indique lo contrario (lo cual no significa que los dirigentes de fútbol sean unos angelitos). Otra buena noticia, al menos para los que estamos de este lado del charco, es que nosotros sí podemos tener ambos mundos. Podemos disfrutar de la calidad de los clubes más poderosos de Europa y de la emoción que nos brindan los equipos de nuestras ligas, con todo y sus vaivenes, como el hecho de que puedan ser campeones en un año y descender en el siguiente. Y en eso somos más afortunados que los europeos, quienes tienen que esperar a que suceda un milagro como el del Atlético de Madrid el fin de semana pasado para convencerse, cada diez años, de que sí puedan contra los grandes.